El tiempo solo sana lo que ya no importa
Cómo pasa el tiempo, El cuarteto de Nos
Parece como un Dios que los pecados no perdona
No lo puedo hacer obedecer, apurar ni detener
[…]
Porque el mañana de ayer es hoy
Voy contemplando cómo pasa el tiempo
Al mismo tiempo, rápido y lento
Mezcla de dualidad y cinismo
Miro el reloj y me dice ahora mismo
Sé que ni un segundo va a devolverme
Por eso es que hoy no quiero perder tiempo en perderme
Y si me distraigo y no lo agarro voló-voló-voló-voló
Esta semana fue la primera vez que sentí el mordisco del tiempo. Miré el calendario y dije «wow, cuándo se pasó todo esto». Me asusté.
Cuando me siento a escribir sobre cómo fue la semana, igual veo cositas… avances. Pasitos lentos, porque son profundos. Quizás justo los necesarios para dar los siguientes.
Flexibilidad para abrazar lo inesperado
Yo soy una persona organizada. Me gusta muchísimo la planificación (si les digo que, diseñando Crónicas del Clan, una de las cosas que más me ilusionaba era la idea de crear excels y plantillas para el seguimiento del proyecto con ¡códigos de color automáticos!, no miento).
Pero, tres semanas después de llegar, compruebo que la vida acá me está obligando a soltar eso y dejarme llevar por lo inesperado. Solo esta última semana, eso ha incluido:
- Mudarme de una casa de familiares a otra cuando mi abuela se sentía mal, para cuidarla, comprarle comida rica, cocinarle por la noche y asegurarme de que toma los remedios.
- Pausar mi trabajo unas horas para sentarme en el piso a pintar unicornios con mis primas cantando Taylor Swift (no me alcanzan las palabras para el orgullo que siento por esto último).
- Ir a comprar helado para una cena, y que la salida se convierta en un paseo en coche por un barrio bonito.
La verdad es que estoy disfrutando de los días poco programados. De dejar espacio en la agenda para lo que surja. Está siendo un ejercicio divertido el no ceñirme a rutinas muy estrictas, y tener que acomodar mis horas de trabajo en los huecos que voy consiguiendo entre los eventos inesperados.
Soy consciente de que esto es posible por las bondades del trabajo que estoy eligiendo hacer, la creación de contenido. Pero también estoy observando que deber ser consecuencia de estar rodeada de tantos familiares, lo que es poco conocido para mí. En mi vida en España, o incluso cuando viví en Francia, yo estaba mucho más aislada, de modo que los eventos en mi agenda eran solo los generados por mí; a diferencia de acá, donde siempre hay alguien que hace algo. Y tengo la suerte de que me quieren invitar.
Sobre todo, me quedo con que es la oportunidad de acompañar, en el sentido más simple de la palabra: ir con alguien. Podrían elegir ir solos a hacer sus cosas, como hacen siempre que yo no estoy acá, pero cuando estoy me incluyen. Me permiten acompañarlos. Y eso es un regalo para mí.


Ejercitar la paciencia
Hace un par de años empecé a pintar con acuarelas. Le pedí a mi familia que me regalara una paleta de pinturas y un cuaderno por mi cumpleaños, y sabiendo esto, mis generosas amigas me regalaron un libro con tutoriales para pintar flores. Así de bien equipada, empecé en el verano de 2021 a aprender a pintar.
Ahora miro mis primeros bocetos y me doy cuenta de que son bastante feos; se nota que sabía muy poco. En estos pocos años tampoco es que me haya vuelto una experta, pero a fuerza de practicar ya puedo ver un progreso.
Igual que entonces con las acuarelas, hoy soy consciente de que con Crónicas del Clan estoy apenas comenzando a subir la curva de aprendizaje.
Por eso es difícil, por eso me frustro. Por eso a veces me falta el aliento.
Pero lo importante es que estoy aprendiendo, constantemente. Y eso, como en las acuarelas, me da confianza para seguir… Por que sé que cuando mire para atrás veré con ternura a la Agus que soy hoy. La que escribía con mano temblorosa movida por las ganas de crear; la misma mano que sostuvo ilusionada el pincel desconocido ese primer verano pintando.
Pintar con acuarelas consiste en superponer muchas capas de pintura, casi translúcida, hasta conseguir los planos, profundidades y texturas deseadas. Pero lo más importante es saber dejar secar cada capa antes de pasar a la siguiente.
Yo, que me suelo definir como una persona impaciente, siento que elegir esta técnica concreta es justo lo que necesito. Aunque me incomoda, lo disfruto, porque estoy ejercitando la paciencia que tanto necesito: no solo para esperar a la siguiente etapa del proceso, sino porque durante todo el camino hasta el resultado necesito repetirme constantemente «trust the process, confía en el proceso». Porque la belleza total de la creación con acuarelas no se revela hasta el final, las últimas capas que dan el sentido a todo lo anterior.
La equivalencia con Crónicas del Clan es bastante evidente: apenas voy por la primera capa, el primer aguado del proyecto. Aún está todo difuso, no está clara ninguna forma de lo que vaya a salir al final. Hay días en que ni siquiera estoy segura de estar usando los colores definitivos.
Pero hay algo en mí y en lo que tengo entre manos que chisporrotea, me intriga, me desafía a ver qué puedo seguir creando.

Retomar la esencia
Si soy honesta conmigo misma, siento que me distraje un poco de la misión principal de Crónicas del Clan que me trajo hasta acá. No dejé de trabajar, ni se me apagó el fuego interno, pero al mirar para atrás me veo descentrada en el sentido más literal de la palabra: con el foco en otra parte. Estas semanas no fueron exactamente como yo había imaginado que irían.
El primer motivo que observo, y recuerdo notarlo desde el principio, es que estoy sobrepasada de información. Overwhelmed es un término más preciso para cómo me siento, se traduce por abrumada. Porque la realidad es que estoy inmersa constantemente en el material con el que estoy trabajando: tengo todos mis sentidos a tope a lo largo de todo el día, esforzándose por capturar lo máximo posible durante este periodo de trabajo de campo, que sé que es limitado. Y, como una esponja que absorbe demasiada agua y llega un momento en el que no puede más, yo de a momentos me siento muy saturada. Lo que me hace alejarme de mi motivación para con el proyecto.
Eso va de la mano con el segundo motivo que se me ocurre: dedico tantos esfuerzos, conscientes e inconscientes, a insertarme en una realidad que a veces puede ser muy complicada (Ver la crónica de la semana 2), que de a ratos necesito un descanso.
Pero, al final, me pregunto si todo eso no son solo excusas…
Me pregunto si alejarme del corazón de Crónicas del Clan es un mecanismo de protección. Este es un proyecto tan íntimo, tan mío, al que me dedico desde un lugar tan vulnerable, que a veces es demasiado y esquivo hacer el trabajo que me demanda. Que, desde donde estoy ahora, veo que incluye enfrentar:
- El miedo a no escribir bien.
- La responsabilidad del poder que tienen las palabras, y mi capacidad de hacer bien y mal con ellas.
- Las realidades feas que forman parte de la vida de cualquier persona: enfermedades, inseguridades, mandatos, inestabilidad…
Antes de venir a Argentina, intuía que sería sacudida por todo esto. Lo temía. Pero no había preparación posible, me consuelo; iba a ser difícil y desafiante sí o sí.
¿Cuál ha sido la solución? Volver a hablar de Crónicas del Clan.
A lo largo de mi vida he identificado que yo me entiendo a mí misma a través de las palabras: por eso escribo y hablo mucho. Así, el ejercicio de presentar Crónicas del Clan a personas nuevas que entran en mi vida me obliga a bucear de nuevo hasta su núcleo, aunque haga varios días que no lo hago.
Así, reconecto con:
- Mi intención: conocerme mejor a mí misma, a través de conocer en profundidad a las personas de mi clan.
- Mi búsqueda: quién soy yo, qué es esta cosa mezclada y heterogénea que soy, compuesta por pedacitos de diferentes orígenes
- Mi ambición: conectar con personas que atraviesen cosas parecidas a mí, para que nos acompañemos mutuamente.



Así, termino la semana 3 recordando la importancia de mi misión, mi objetivo y sobre todo mi motivo para venir hasta Argentina a pasar este tiempo, así.
Y, justamente, más consciente del paso del tiempo. Estamos en la semana 3, señoras y señores. Todo muy bien con la adaptación, pero ya está, Agustina. Hay que seguir avanzando. Y eso haremos. Seguimos.


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