La magia del aterrizaje, llena de ilusión por recién llegar, se fue evaporando esta semana. Sigo contenta de estar acá, pero estos últimos días realmente viví lo que es intentar insertarme en esta realidad, y no siempre es fácil.
Antes de seguir, quiero dejar claro que escribo todas estas cosas, que pueden sonar como quejas o críticas, pero estoy profundamente agradecida por poder estar acá ahora haciendo lo que hago. Sin embargo, quiero ser honesta cuando escribo, y estos últimos días han sido más difíciles que fáciles. Por todo esto:
Las complejidades de Argentina
Este es un país complicado. Ahora y siempre; en cada viaje que vengo, la gente me dice que nunca ha estado tan mal. Y siempre empeora. Siempre se vuelve más difícil. Siempre me cuesta entenderlo.
A las personas que no conocen esta realidad suelo explicar esa complejidad hablando del dinero, como ejemplo de algo que me exige mucha adaptación y concentración a la hora de manejarlo, porque es muy distinto de a lo que estoy acostumbrada.
Por ejemplo, otro día fui al supermercado a comprar tres cosas. Es un súper grande, con estructura, con muchos productos y cajas y empleados. Pues resulta que pasé 20 minutos esperando para pagar, ¡veinte!, porque el señor que iba antes que yo pagó su compra de 124.000 pesos con billetes de 1.000… Es decir, con 124 billetes. La cajera los contó, uno por uno, dos veces, antes de que su superiora hiciera lo mismo. Estaban correctos, había 124 billetes. Así que, 20 minutos después de haber empezado su compra, el señor se fue y llegó mi turno.
A los argentinos a quienes cuento esta anécdota no les parece nada raro: sonríen resignados, miran para el costado y se encogen de hombros, «es así acá». Pero a los no-argentinos nos choca esta ineficiencia completamente absurda, y casi irresoluble.

Otro aspecto representativo de vivir en Argentina es la inseguridad. Esta semana he vivido sobre todo la tensión entre que me lleven y me traigan en auto para ir segura (porque tengo el privilegio y la suerte de tener mucha gente que pueda ayudarme a desplazarme así, lo reconozco y agradezco) y el querer moverme sola.
Hice mis primeros desplazamientos por mí misma en transporte público, y salió todo bien. Pero no dejé de notar la enorme cantidad de energía que me requiere estar concentrada en estar alerta cada vez que salgo de casa. Y eso, en España, no me pasa.
Por no hablar de lo que se preocupa e inquieta mi familia cada vez que hago algo de esto. Aún estamos navegando las tensiones que se generan por mis ganas de ser autónoma y su instinto de protegerme (un beso a todos los que quieren cuidarme, lo aprecio aunque me rebele❤️).

Más tiempo = más disfrute
Pasada la primera semana que dediqué entera a la familia, pude darme el tiempo de estar con otras personas a las que quiero que viven en Argentina.
Fue refrescante y energizante pasar tiempo con unas amigas de la tierna infancia, de quienes me separé al irme a España, y con quienes reconecté el año pasado. A día de hoy, seguimos encontrando fotos viejas de cuando jugábamos muy de chiquitas, y nos reímos al ver que ahora volvemos a disfrutar juntas a pesar de los 20 años pasados sin vernos.
Otro día paseé con mi padrino por el centro de Buenos Aires, y fue precioso. Visitamos el Jardín Japonés, del que me encantaron sus flores de colores y la calma de sus caminos; e hicimos la visita guiada del Planetario, que disfruté por instructiva y educativa.
Bella capital
Pero, sobre todo, disfruté de estar en capital. Buenos Aires es una ciudad con tanta personalidad… Se han escrito miles de canciones y poemas sobre ella, y sin embargo las palabras no llegan para capturarla nunca.
Desde la zona sur, donde yo vivo, la entrada me resulta siempre ceremonial y majestuosa, épica: muchos puentes de autopistas, siempre llenos de autos, se entrecruzan entre edificios altísimos, desembocando en la gigantesca avenida 9 de Julio. Luego recorremos esa un rato largo, y yo absorbo las vistas en cada semáforo. La belleza de la arquitectura, donde quiera que mire, es abrumadora.
Tiene también Buenos Aires algo que hace poco he descubierto que me fascina: la decadencia. ¿Es atrevido compararla con Roma? Mis familiares argentinos pensarán que sí; pero yo de verdad veo algo en común, una antigua grandiosidad que se ha ido diluyendo. Una majestuosidad que se desmoronó en el tiempo, y solo quedan ecos dispersos por las esquinas. Pero están ahí.
Unas cuantas horas por sus calles en un sábado tranquilo me hicieron recordar algo que ya había notado en viajes pasados: lo viva que está. Por todas partes hay muchísimos colectivos, personas, autos, tránsito. Siempre cosas que hacer, lugares que ver, comidas que probar. Siempre activa, latente, furiosamente viva.

Avances del proyecto
Terminé la semana pasada decidida a accionar mucho más para hacer avanzar Crónicas del Clan, después de ese periodo de adaptación.
¡Hice la primera entrevista!
La verdad es que fue emocionante reconectar con la esencia del proyecto, y hacer por fin lo que vine a hacer, después de tan cautelosa adaptación.
Yo estaba bastante nerviosa, la mañana había estado llena de inconvenientes, así que no pude tener todo el control sobre la situación que hubiera querido tener…
Pero salió muy, muy, muy bien.
Porque, intuitivamente, había hecho todos los pasos correctos antes:
- Elegí bien a mi primera entrevistada: alguien con quien me siento cómoda, con quien ya he halado cosas profundas antes, y que yo sabía que no se pondría demasiado nerviosa ante mis preguntas.
- Preparé un cuestionario adecuado: se ajustaba a lo que yo necesitaba aprender y al tiempo que estimé que dedicaríamos a hablar ese día.
- Me había mentalizado para ponerme en el rol de entrevistadora, separándome de mi vínculo con la otra persona.
Desde entonces, aún no he tenido oportunidad de hacer otra entrevista. Pero he dedicado los últimos días a hacer toda esa preparación para que, cuando se presente, yo esté lista para lanzar todas mis preguntas.

Perspectiva
Veo más claramente hacia dónde irá el proyecto en el futuro con el material que estoy recopilando ahora. Pero me tengo que recordar que aún es el principio, y que tengo pocos datos para sacar conclusiones sobre las cosas que quiero compartir.
Me bulle la cabeza con ideas de posts que quiero escribir con lo que estoy aprendiendo y percibiendo ahora, pero aún es pronto. Solo llevo acá 2 de las 10 semanas que voy a pasar en Argentina rodeada de mi familia. Aún no he confirmado mis hipótesis.
Así que, por ahora, las anoto todas.
Pitch en forma
Al encontrarme con amigos que no me habían visto hasta ahora, esta semana la oportunidad de presentar Crónicas del Clan a muchas personas nuevas. Y ha sido un gran ejercicio de marketing y branding el desafío de ponerlo en palabras una y otra vez.
Eso, al mismo tiempo, me ha permitido reconectar con el valor del proyecto. Al estar sumergida en él, con todos los desafíos que conlleva, no es que me olvidara de ello, pero me cuestionaba si seguía ahí. Si sería posible hacerlo.
Contarlo, volver a su esencia puesta en mis palabras, me recordó que sí. Que todo esto tiene un sentido y un valor más allá de para mí y mi familia. Algo que puede servir a más gente.
Así que, seguimos.












Replica a Marcelo Cancelar la respuesta