Reseña «Una casa lejos de casa», de Clara Obligado

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La elección del primer libro con el que documentarme para este proyecto (aunque, en realidad, una se nutre constantemente de todo lo que lee) se sentía monumental, decisiva, particularmente importante.

Así que decidí seguir los diversos impulsos que me llevaron a leer «Una casa lejos de casa», de Clara Obligado, en primer lugar.


Resumen

Clara Obligado es una escritora argentina que se exilió a España en 1976. En este libro presenta una colección de reflexiones que parecen páginas escapadas de un diario íntimo mental nutrido a lo largo de los años, desde su posición de escritora, estudiante de literatura y profesora de escritura.

Una casa lejos de casa es un libro audaz que festeja la cultura híbrida, que habla de la emigración sin aceptar los tópicos autocomplacientes y que revisa las posibilidades de ese espacio incómodo reconociendo encuentros y desencuentros.

Ediciones Contrabando

El libro está compuesto por dos partes: «En casa», dedicado a su infancia y primeros acercamientos a la literatura y escritura; y «Lejos de casa», que comienza con su exilio a Madrid y cuenta su experiencia, personal y profesional, allí.

Se lee bastante rápido, ya que tiene solo 120 páginas. Yo me lo tuve que tomar a sorbitos, intercalados con bocados a las tostadas del desayuno en la terraza, porque lo que decían sus palabras a veces me interpelaba desde lugares tan profundos que solo toleraba pequeñas dosis.


Mis ideas favoritas

Traducir desde dos lados del mismo idioma

Lo que más me impactó de todo el libro fueron las reflexiones sobre las variedades de la lengua entre Argentina y España. Sentí que Obligado ponía en palabras cosas que yo he sentido a lo largo de toda mi vida, y que apenas recientemente he empezado a entender.

Si habla en dos castellanos debe seleccionar las variaciones con delicadeza, pinzándolas como si fueran las alas de una mariposa.

En uno de mis últimos vídeos en TikTok respondí a una de las cuestiones que más se ha repetido en mi vida: de dónde viene mi acento. Y en él explico que en realidad yo no solo tengo acento, sino que cambio mi manera entera de hablar según de dónde sea mi interlocutor: la pronunciación, cómo conjugo los verbos, qué palabras uso…

Porque la realidad es que en Argentina y en España hablamos la misma lengua pero de distinta manera. Y eso, en mi opinión, es precioso. Yo me siento muy afortunada de poder saltar de una variedad a la otra con facilidad, conocer cómo se dice una misma palabra en el otro lugar y elegir qué término uso en función de a quién tengo enfrente.

El juego de los sinónimos

En el libro, Obligado dedica una entrada entera a lo que ella llama «El juego de los sinónimos» que creó para sus hijas, nacidas en España de ella y su marido, ambos argentinos:

Digo «grifo» y las niñas responden «canilla», digo «barrilete», y ellas «cometa». Digo «damasco», y ellas «albaricoque», «aguacate» es «palta», «bombacha» es «braga», «piña» es «ananá». Por suerte «mamá» es lo mismo en mis dos idiomas.

Me parece especialmente valioso el enfoque lúdico de la situación, especialmente para ayudar a los niños a entender los matices de la lengua. Tomarse las diferencias en las variaciones del idioma como un juego les permite aprender las versiones de los dos lados, y sobre todo naturalizar que una misma cosa puede decirse de distintas maneras.

Más allá de mi propia experiencia, yo veo en el habla de mis primas pequeñas, nacidas y criadas en España de mi misma familia originaria de Argentina, que está todo mezclado. Que saltan de una variedad a la otra, o mezclan cosas de una y de otra sin ninguna vergüenza, sin drama ni cuestionarse demasiado de dónde viene cada término.

Porque la realidad es que es imposible enseñar ninguna variedad pura del lenguaje a las nuevas generaciones: aunque lo hubieran intentado, mis tías argentinas no hubieran podido forzar a sus hijas a hablar argentino puro. O canario puro. Porque no existe ninguna variedad pura.

Y, al mismo tiempo que digo esto, soy consciente de que supone un shock, porque…

El lenguaje es intrínseco a nuestra identidad

Gran parte de lo que somos, de cómo nos autopercibimos y de lo que expresamos de nuestro ser se hace a través del lenguaje. Las palabras que nos vienen instintivamente para nombrar algo no son fortuitas: llegan a la punta de la lengua por caminos mentales forjados a lo largo de años y años de uso. Caminos tan gastados que son invisibles, los usamos sin darnos cuenta.

Porque la lengua es también intuitiva, espontánea.

Por eso, la emigración y el exilio producen un choque lingüístico, incluso cuando el lugar de destino comparte, a priori, el idioma del lugar de origen; como es el caso de Clara Obligado y mío, entre Argentina y España.

La autora presenta muy bien ese encontronazo, observándolo con perspicacia en su experiencia propia y en las ajenas.

Algunos recién llegados abandonaban el acento de su tierra, como si se avergonzaran de él. No era un proceso natural que sucedía poco a poco, sino que forzaban la marcha y camuflaban el origen, imitaban sonidos sin entender lo compleja que es la modificación personal que lleva de un «vos» a un «tú».

También es español el de fuera de España

Una de las ideas más valiosas que contiene este libro me parece que es esta: la acusación tranquila con la que Obligado señala la actitud colonialista del castellano de España.

Cuando me dicen en España que no se entiende el castellano que se escribe en otros lugares recuerdo esa modesta biblioteca de campo con su tipografía abarrotada, esa lectura sin prejuicios en la que nadie se había apropiado del idioma [sobre la colección Austral], que fue una puerta a un mundo distinto, la propuesta de una lectura mestiza en la que era igual de dónde viniera el autor, actuaba como una gran casa que nos abarcaba a todos.

En varias entradas, apunta cómo desde España hay una posición de superioridad en su variedad lingüística, con la que no se molestan en entender o respetar a las variedades latinoamericanas de la lengua, como si estas fueran menos valiosas (y eso, teniendo en cuenta que la variedad que compartimos Obligado y yo, la rioplatense, es de las más queridas y socialmente aceptadas en España).

Y esto no ocurre solo en España: en apenas dos semanas que llevo en Argentina, ya he oído a una madre decir que a su hija de tres años le enseña «español neutro» para que lo aprenda bien, que la criatura ya tendrá tiempo de «argentinizarse y hablar mal» cuando crezca.

Para mí eso es un shock enorme, porque el español de argentina no es incorrecto. No es español mal hablado, erróneo, equivocado. Es igual de válido que el español de Madrid o de Galicia o de Asturias. Porque, ¡sorpresa!, en España también hay variedades y especificidades. Porque no existe un español puro.

¡La lengua está viva! Constantemente cambia, se impregna de influencias, se transforma. Y desde luego que hay instituciones que regulan y recogen los usos, para darle una estructura y una protección, pero sin coartar su desarrollo.

Sin embargo, paralelamente a eso, existen creencias muy arraigadas, estrechamente vinculadas a ideologías, nacionalismos y poderes, que establecen que unas variedades son mejores que otras. Que hay unas formas mejores que otras.

Por eso, imagino que los canarios de mi entorno se reirían de mi pronunciación de la Y cuando recién llegué a España. Imagino que, para adaptarme, aprendí a decirla como ellos en su presencia, y guardarme la forma de hablar que había aprendido para personas argentinas. E imagino que la vergüenza recordada subconscientemente de que se extrañaran ante mi acento fue lo que hizo que durante años no pudiera hablar argentino frente a nadie que no lo hablara también. Recién cuando me puse a estudiar profundamente las lenguas y el aprendizaje del lenguaje, cuando entendí que había hecho este proceso, pude empezar a usar de mis acentos libremente.

Yo no soy exiliada. Yo no soy migrante. Soy otra cosa

Para Obligado, exiliarse no es lo mismo que emigrar. No es ni siquiera equivalente:

Pese a todas sus renuncias, el emigrante tiene esperanzas respecto al futuro; el exiliado, en cambio, habita la nostalgia.

Y aquí no puedo evitar pensar en «Estado de exilio», de Cristina Peri Rossi. Lo había estudiado en la universidad, y fue uno de los primeros títulos que puse en mi lista de lectura para prepararme para este proyecto, pero, cuando lo agarré, lo leí rápido de una sentada y no lo volví a abrir (¡ni siquiera para escribir este artículo!), porque sus palabras encarnan muchísimo dolor.

Partir

es siempre partirse en dos

El viaje, Cristina Peri Rossi

Del libro de Obligado y de los poemas de Peri Rossi me incomodan las confesiones y reflexiones sobre el exilio. Ahí me cuesta sentirme identificada con ellas, porque mi caso es distinto al suyo. A mí nadie me persiguió para irme del país; yo no fui quien tomó la decisión de dejarlo. Casi que me parece que no tengo derecho a sentirme identificada con lo que ellas dicen sobre su experiencia.

Y, sin embargo, conecto con algunas de sus palabras. Con esa desazón ante la ruptura. Con la incomodidad de no encajar en ningún lugar, de no ser ni de aquí ni de allá. Con los bailes entre los acentos.

¿Y acaso eso, identificarse, no es la función del arte?

Porque donde sí me veo y me leo muchísimo es en lo que Obligado dice que es habitar el espacio indefinido, de lo mestizo y lo mezclado, en relación a su escritura:

Si aceptaba esa literatura desterrada, ¿en qué marco me movería? ¿Hay un espacio para estos libros? Una vez me preguntaron en qué apartado había que colocar un libro mío, si en literatura española o argentina. Elegir me costaría años de terapia.


Recomiendo leer «Una casa lejos de casa» de Clara Obligado, porque admiro cómo logra poner en palabras lo que experimentamos muchas personas, a veces sin terminar de entenderlo nosotros mismos.

Había tantos puntos en común, pero a la vez nada parecía semejante, como esa falsa proximidad del castellano.

Me parece particularmente interesante para lectores españoles, que nunca hayan tenido que plantearse todo esto, porque nunca les hayan preguntado de dónde viene su acento.

Para lectores migrantes o exiliados, sea cual sea su nacionalidad, aunque particularmente hispanohablantes… diría que lo lean con cautela. En mi humilde opinión, es un libro que retrata muy bien las contradicciones de sentimientos profundos que atraviesan a cualquiera que pase de vivir en Argentina a España; y puede revolver heridas muy profundas.

En cualquier caso, recomiendo este libro a cualquier persona porque ayudará a abrir la mente a la enorme riqueza de la lengua española, y comprender mejor lo que supone migrar dentro de ella, en ese nivel tan íntimo que es nuestra manera de expresarnos.

6 respuestas a “Reseña «Una casa lejos de casa», de Clara Obligado”

  1. Avatar de Marcelo
    Marcelo

    Una reseña muy interesante y unas hermosas reflexiones, certeras y profundas palabras.

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    1. Avatar de Agustina Gómez

      Muchas gracias por leerla y por tu comentario 😊 ¡Creo que te gustaría mucho el libro!

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  2. Avatar de Clara Obligado
    Clara Obligado

    Gracias por comentar mi libro. Y si, no es lo mismo el exilio que la emigración, y la emigración que el turismo. Un tema muy interesante para debatir. Un abrazo!

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    1. Avatar de Agustina Gómez

      Muchísimas gracias por tomarte el tiempo de leer mi reseña, ¡significa mucho para mí! Seguiré reflexionando y leyendo sobre todos estos temas, ojalá podamos debatir en persona algún día 😊 ¡Un abrazo de vuelta!

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  3. Avatar de Gaby
    Gaby

    Me ha encantado tu reflexion muy interesante y leere el libro en cuanto pueda.
    Te seguire leyendo.

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    1. Avatar de Agustina Gómez

      Muchas gracias por tu comentario, Gaby 😊 Me alegro mucho de que la reseña te inspire a leer el libro. ¡Realmente es muy interesante! Cuando lo leas cuéntame qué te parece 😊

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