Si la semana pasada contaba que volvía a ver la luz después de días oscuros, ahora siento, literal y metafóricamente, que vuelvo a respirar.
Estabilidad en la salud
Qué importante es estar bien, y cómo cambia toda nuestra vida cuando no lo estamos. No lo olvides, me digo a mí misma a menudo.
Mi familiar a la que cuidamos recientemente ya está mucho mejor, estable. Vuelve a verse, sonar, comportarse como ella misma, y eso nos da una paz enorme a todos los que la queremos. De alguna forma, podemos seguir con nuestras vidas con más aire, más calma. Respiramos.
En estos días pude demostrarme a mí misma la importancia de buscar activamente esa estabilidad haciendo lo que nos hace bien. En mi caso, fue volver a practicar yoga de forma consistente. Hoy se cumplen 8 días seguidos en los que lo hago todos los días, siguiendo el programa de un mes de Yoga with Adriene por YouTube.
Me está ayudando muchísimo más de lo que había previsto, incluso y especialmente en los días donde me encuentro más alterada, y por lo tanto escéptica a sus efectos. No niego que hay días en los que me cuesta encontrar el tiempo y espacio para darle lugar, pero como bien dice la profesora, eso es lo más difícil de hacer, y una vez que me siento en el mat, todo se va acomodando.

Dejarse cuidar es un acto de amor
Estas exactas palabras salieron de mis labios en una conversación familiar de sobremesa de bastante importancia. No sé cuánto habrán resonado en los demás participantes de la charla, pero a mí se me quedaron dando vueltas hasta hoy mismo.
Hay dos elementos que constituyen esta frase:
«Dejarse cuidar» muestra que se trata de una elección, una decisión por parte de quien recibe los cuidados. Es el abrir los brazos para aceptarlos. Y, lo que para mí inclina la balanza haciendo a este argumento aún más firme, es que la alternativa es dolor y conflicto.
«Es un acto de amor» indica que el amor (motor de la vida, si me preguntan a mí), no está solo en la acción. Está también en la elección de quedarse quieto para que otros hagan.
Capaz que en este mundo, donde nos sentimos tan empujadas a siempre «hacer», a valernos por nosotras mismas, reivindicar el dejarse cuidar es poderoso por distinto. Y concretamente en mi familia, que desde hace décadas existe partida en dos, atravesada por la distancia, cuando tenemos la oportunidad de cuidar a otro es un regalo enorme no solo para la persona cuidada, sino para la persona cuidadora también.

Avances de Crónicas del Clan
Continúan las entrevistas
En esta última semana pude hacer dos nuevas entrevistas, y preparar más cuestionarios. Es muy interesante seguir profundizando en las identidades de mis familiares, y descubrir nuevos aspectos que nunca había observado, o a los que no había tenido acceso. Con cada una que hago, confirmo lo genial que es poder seguir a la curiosidad que me trajo a crear todo esto.
En mí misma, noto más agilidad como periodista y como entrevistadora; me sigo cargando de electricidad antes de un encuentro, anticipando la conexión que siempre quiero construir, pero me pongo un pelín menos nerviosa. Y disfruto un poquito más del proceso.
No se puede registrar todo
Por la labor que vengo a hacer, de periodista, documentalista, cronista, tengo constantemente encendidos mis sensores para capturar la realidad de mi familia en Argentina. Esta estancia de dos meses tiene una finalidad y objetivos claros, por lo que todo el tiempo siento la presión por estar atenta a lo que pasa a mi alrededor, para no perderme ningún detalle que pueda servirme más adelante para contar lo que quiero contar.
Sin embargo, esta semana estoy aprendiendo a aceptar que no se puede registrar todo. Que la realidad es inabarcable, mal que me pese, y que a donde sea que vaya el tiempo que esté será limitado. Así que no puedo exigirme capturar absolutamente cada aspecto porque es, simplemente, imposible.
Y, además de eso, es contraproducente. Si dedico mis esfuerzos a esta exigencia absurda de recoger absolutamente todo, me pierdo lo importante. «El que mucho abarca, poco aprieta», y el dicho una vez más tiene razón.
Para la nueva semana que empieza, me exijo a mí misma bajar las exigencias, justamente. Y confiar en que mi instinto cronista me permitirá capturar lo valioso de verdad; que lo que de verdad importe y merezca ser resaltado, no lo voy a dejar pasar. No lo voy a olvidar.
Aún es pronto, aunque pase el tiempo
Esa misma vocecita exigente que me reclama no estar capturando todo también me critica por no estar contando más del método. Uno de los objetivos de este proyecto es compartir cómo conocer mejor a tu familia, «¿¡por qué no lo estás diciendo por las redes, por el blog!?», me gritaba cada semana.
La realidad es que es difícil enfrentarme a esa ansiedad que a menudo me posee. ¿Acaso no escuchamos siempre que debemos aprovechar el tiempo? ¿Que hay que hacer cosas, acción, acción, acción?
Pero yo desde el principio concebí a Crónicas del Clan como un proyecto que se haría a fuego lento. Con buena letra. Con todas las metáforas que se nos ocurran para decir que se hace despacio, y bien. Igual que pinto con acuarelas para ejercitar la paciencia que siento que me escasea, este proyecto me enfrenta una y otra vez a lo mismo. Aún. Es. Pronto.
Y no digo esto por fiaca, por no querer pensar y escribir, o por no saber qué decir. Tengo chispazos de revelaciones, observaciones que voy anotando aquí y allá en mis numerosos blocs de notas, y que intento mantener ordenadas.
Pero estoy en pleno trabajo de campo. Me siento como metida en un vaso de agua en el que vierten polvitos de colores y revuelven con una cuchara: las motitas dan vueltas a mi alrededor, y cuando logro fijar la mirada en una de ellas, la corriente da la vuelta y se la lleva a otro lado. Intentar escribir sobre mis conclusiones es como querer elegir una de esas motas para aterrizarla; pero hasta que no paremos y se calme el agua no sé dónde va a caer, ni qué lugar va a ocupar en el conjunto que será mi obra.
Intentar escribirlo ahora es arrogantemente intentar predecirlo. Así que, en su lugar, voy a esforzarme por parar de exigírmelo.
Abrazar los cambios
A veces, Crónicas del Clan es un torbellino que me rodea; otras, una masa viva entre mis manos, que va tomando formas que no espero.
Desde su nacimiento, desde antes de venir a Argentina, yo sabía que me haría llevarlo hacia rumbos inesperados. Vine dispuesta a tener esa flexibilidad, a dejarlo que me pida adaptarme a lo que necesita.
Pero, igual que en el punto anterior: ¡me cuesta!
Todas las semanas anteriores me he estado esforzando por encontrar una rutina, un ritmo, una cadencia estable. El latido del proyecto que me confirma, tu-tum, tu-tum, que está vivo. Y, ahora que me pide otras cosas, me cuesta soltar lo que ya construí.
Quisiera darle libertad, dejarme llevar y permitirle ser.
Así que aquí estamos. Fiel a las crónicas semanales, que no estaban planeadas de antemano pero se han convertido en un anclaje importante al núcleo del proyecto. Asimilando que voy por la mitad de la estancia; me vuelvo a España dentro de un mes. Repasando con serenidad el planning de las entrevistas, asumiendo que quizás tenga que hacer menos de las que quería, pero decidida a no irme con información que me falte. Y eligiendo poner el foco en el fondo más que en la forma. Ahora es el momento de sumergirme en la materia. Así que aquí seguimos.


Replica a Agustina Gómez Cancelar la respuesta