Semana 6: núcleo duro

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Al mirar atrás a estos días recién pasados, me veo haciendo algo muy importante. Siento que estoy llegando al corazón de este proyecto, al núcleo duro de lo que vine a hacer.

Traigo dos referencias para explicarlo:

Esta canción que lleva años acompañándome en los momentos donde me siento más perdida.

Después de todo lo vivido en las semanas anteriores, desde la ilusión de la llegada, la exigencia de superar mis autolimitaciones para ponerme a trabajar, el desvío por las distracciones, el obligarme a volver a centrarme, el ajustar las expectativas y darme flexibilidad… Es mirando mi recorrido por todo eso que veo cómo llegué hasta donde estoy hoy.

A estas alturas, la sexta de las diez semanas que pasaré en Argentina, veo con mucha claridad por qué nació este proyecto: con él quiero explorar cómo responder a…

¿Quién soy yo?


Agotamiento emocional

Intentar responder a esa gran pregunta, por supuesto, lleva un desgaste energético importante. No por nada protagoniza incontables obras de arte, reflexiones filosóficas, debates. Quizás todas las personas del planeta se la hagan alguna vez en la vida.

Pongo este título a este párrafo no para quejarme, sino por mi anhelo de ser honesta cuando escribo estas crónicas. Y la verdad es que responder a la pregunta de quién soy está siendo difícil.

Pero yo lo acepto y lo abrazo. Entiendo que es lo que conlleva el desafío que me he propuesto, y lo intuía antes de empezar, así que vine conscientemente a hacer esto. Agradezco poder darme cuenta de que lo estoy atravesando, poder observarlo y desde ahí trabajar para sobrellevarlo.

Y sigo.

Me lanzo de cabeza, con coraje, al corazón de la herida: donde late la vida, donde supura la sal acumulada de años de lágrimas. Y como me decían cuando era chiquita al meterme al mar con una herida: si pica, es porque se está curando.

Tiempo de descuento

Si esta es la crónica de la semana 6, significa que queda menos de un mes para irme. Poco más de 3 semanas, más precisamente.

Esto es algo que suele agobiarme: saber que hay menos distancia entre el punto en el que estoy y el final, entre donde estoy y el inicio. Que ya ha pasado la mayor parte del tiempo que iba a durar la estancia. Y, no sé por qué, empiezo a sentir la tristeza de la separación por adelantado… ¡como si eso la fuera hacer más pequeña! Pero nunca lo hace.

Este viaje es el más largo que he estado nunca en Argentina, novedad para mí y toda mi familia. Y, por el entusiasmo de estar juntos, constantemente nombramos ideas de planes que podemos hacer antes de que me vaya. Lo que me está pasando ahora es que me voy dando cuenta de que no va a darme tiempo a todo.

Ante eso, tengo dos reacciones:

  1. Usarlo como impulso, motivación, motor para la acción: me da ganas de aprovechar lo que me queda y me empuja a mover todas mis fichas para hacer las cosas que quiero.
  2. Paz por la aceptación: igual que la semana pasada, cuando escribía que aceptar que no puedo capturar TODA la realidad me daba alivio, asumir que no voy a poder cumplir TODAS las expectativas de planes mientras estoy acá, sorprendentemente, me calma.

En cierta forma, siento que esta reflexión es aplicable a cualquier viaje, cualquier estancia, cualquier etapa… E, incluso, a la vida entera.

Avances de Crónicas del Clan

El método va cobrando forma a partir de la experiencia

¡Quién me lo hubiera dicho!, o mejor, ¡ojalá la Agustina pasada hubiera escuchado de verdad!, pero resulta que tener paciencia va teniendo su recompensa.

Muuuuy despacito, paso a paso, el método se va manifestando. Voy descubriendo cómo hacer esto de conocerse mejor a una misma a través de conocer a su familia. Y voy visualizando cómo contarlo y compartirlo, que es uno de mis objetivos.

Y sí, bien adentro mío yo confiaba en que ocurriría (por algo me lancé a hacer este proyecto), pero durante mucho tiempo me frustré porque aún no lo veía. Quizás me asustaba que no pasara nunca, haberme equivocado en mi apuesta. No lo sé, habría que preguntarle a mi ansiedad.

La cuestión es que noto cómo se van desplegando los distintos aspectos de Crónicas del Clan a medida que yo lo voy haciendo.

Por poner un ejemplo: percibo cómo voy perfeccionando las entrevistas, concertándolas con más comodidad; cómo asiento una estructura en el cuestionario al experimentar lo que funciona y lo que no; cómo se desarrolla el tacto que me indica por dónde seguir preguntando en función de lo que el otro me va contando…

Y lo voy contando de a poco por acá y por las redes, pero no todo todavía. Pero está perfecto: porque aún no es el momento. Ahora es el momento de hacer otras cosas, como…

4 nuevas entrevistas

Será porque yo soy muy de letras, pero siempre me ha parecido que los números pueden doblarse para contar lo que una quiera. Hace unas semanas estaba agobiada porque llevaba menos de un tercio de las más de 30 entrevistas que me había propuesto hacer antes de venir y ver la realidad de acá.

Y ayer, al terminar la cuarta de esta semana, me doy cuenta de que ya he hablado con 9 de las 16 personas que quería. O sea, visto así, llevo hechos casi dos tercios del trabajo.

Es decir, sigo progresando desde la semana pasada cuando decía que hay que abrazar los cambios: he soltado la exigencia de hacer mínimo dos entrevistas con cada persona. En su lugar, me propongo usar el tiempo que me queda para hacer al menos una con cada familiar, y si necesito una segunda, aceptar hacerla a la distancia. Porque no pasa nada por corregir el rumbo, sin perder de vista el destino.

¡Viva la flexibilidad!

Y es que, desde que asumí todo eso y tomé la decisión de no exigirme cosas absurdas que la Agustina pasada e ignorante se propusiera, no solo estoy aliviada.

También mi creatividad vuelve a fluir. Fluyen las ideas y la energía para hacer cosas, y con eso siento cómo me van llevando fuera del estancamiento.

Compromiso

Crónicas del Clan es mi proyecto, mi emprendimiento, mi creación. Y es también mi trabajo actual. Eso conlleva una serie de obligaciones y exigencias para con él, un compromiso que implica, entre otras cosas:

  • Ponerme a escribir a las 11 de la noche para registrar las emociones de un día de paseo, porque si las dejo para después, se me evaporan.
  • Ser firme con mis objetivos: recordar lo que vine a hacer y no permitirme distraerme. Traerme de vuelta al eje, una y otra vez.
  • Reivindicar la importancia del proyecto para que otros lo respeten también.

Digo todo esto porque me parece importante balancearlo con las demás cosas que digo de la flexibilidad y el relajar la autoexigencia. Necesito forzarme a todo eso, porque esto es lo que me sale automático.

En conclusión: aquí seguimos. De camino al corazón de lo que vine a hacer, y sintiendo que estoy cada vez más cerca.

2 respuestas a “Semana 6: núcleo duro”

  1. Avatar de valeriamaggiori
    valeriamaggiori

    como siempre fiel a tus crónicas, 💪🫶

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    1. Avatar de Agustina Gómez

      Muchísimas gracias por leerme 💕

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