Adiós, baño de los abuelos.
Adiós, pileta dorada y grifos plateados con detalles dorados.
Adiós, ramito de potus que crece en un vaso, frente a las orquídeas fucsia de plástico.
Adiós, cepillos de dientes de mis primas que usan en sus pijamadas (con pasta de dientes de grandes porque a los 5 años a C. ya no le pica).
Adiós, ducha en la bañera, en la que la abuela teme resbalarse, así que siempre tiene alfombra antideslizante.
Adiós, grifos misteriosos que siempre dan agua demasiado fría o demasiado caliente.
¡Adiós, agua fría ausente! A vos no te voy a echar de menos.
Adiós, a este baño al lado del comedor, que crecí extrañando;
Que durante dos meses fue mi rinconcito de intimidad
Desde donde conectaba con mi silencio, mi soledad, mi cuerpo
En el descanso de todo lo mucho externo.
Adiós a este baño
Que es solo un baño
Y, a la vez,
Simboliza tanto.
Poema escrito en Buenos Aires, el 11 de abril de 2024


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