Reseña: “Léxico familiar”, de Natalia Ginzburg

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Me llamo Natalia Ginzburg. Soy aquellos que fueron antes de mí.

En la primera página, la autora elige comenzar hablando de ella misma en el libro del que va a hablar de su familia. Y viceversa, hablar de su familia para hablar de sí misma. Con solo dos frases, me tenía enganchada.

Paso a la página siguiente, y la primera oración dice: “Yo no soy Natalia Ginzburg”. Resulta que lo que me había fascinado lo había escrito otra persona, Elena Medel: la novelista a quien la editorial Lumen encargó el prólogo de esta edición de “Léxico familiar”, producida para celebrar el centenario del nacimiento de Natalia Ginzburg.

Me inquieté al darme cuenta de que no podía usar esa frase que me había fascinado para abrir esta reseña, porque no era de verdad de la autora. Y después me dije: ¿acaso importa tanto? Fue la primera oración que me interpeló.

Porque recoge lo que me atraviesa ahora, la inquietud que me ha traído hasta esta investigación, este análisis, este viaje que estoy haciendo ahora con Crónicas del Clan. Me fascina completamente cómo los que fueron antes que nosotros componen quiénes somos hoy. Y por eso vengo a compartir este libro aquí hoy.

Resumen

Este es un libro cortito que recoge la descripción o presentación de todas las personas de la familia de Natalia Ginzburg: sus padres, sus hermanos y los amigos de la familia.

Es llamativo que va de ella hacia atrás, o en horizontal quizás, pero no hacia delante. Apenas menciona a su marido y a sus propios hijos, que quedan en un segundo plano, al igual que la propia autora. Casi con pudor habla pocas veces sobre ella, dejando que la mayor parte del tiempo centremos la mirada en los personajes de su familia.

El género baila entre la novela y la autobiografía, pues no se ve con claridad qué es fiel a la realidad y qué es ficcionado. Pero eso tampoco me importa demasiado. Cuando le preguntaron a la propia Ginzburg sobre eso, respondió:

Aunque esté basado en hechos reales, me gusta pensar que Léxico familiar va a leerse como una novela, pidiéndole a este libro todo lo que solemos pedir a la ficción.

Me quedé pensando en eso último: ¿qué le pedimos a la ficción?. En mi caso, yo quiero que me transporte a lugares lejanos, me haga conocer realidades distintas, me entretenga sacándome de mi propia vida, y al mismo tiempo me haga reflexionar sobre ella. Y este libro lo consigue.

Mis ideas favoritas

Concepto de vocabulario

Léxico. m.

Vocabulario, conjunto de palabras de un idioma, o de las que pertenecen al uso de una región, a una actividad determinada o a un campo semántico dado. Sinónimos: vocabulario, lenguaje.

Diccionario de la Real Academia Española

Los títulos casi nunca son aleatorios. “Léxico familiar” son las dos palabras con las que Ginzburg elige titular a esta obra porque quiere recoger las palabras y expresiones intrínsecas de su familia, que la hacen ser lo que es, que forman parte de la identidad de sus miembros.

En toda familia se crea un lenguaje propio y compartido entre los miembros; es a la vez privado y excluyente, porque require haber compartido muchos momentos juntos para dominarlo. Está vivo, como todo idioma: evoluciona, se transforma, absorbe influencias, deja morir partes de sí cuando son desplazadas por neologismos más útiles.

Entender este lenguaje íntimo genera sentido de pertenencia:

Cuando nos vemos podemos estar indiferentes o distraídos los unos de los otros, pero basta que uno de nosotros diga una palabra, una frase, una de aquellas antiguas frases que hemos oído y repetido infinidad de veces en nuestra infancia, nos basta con decir: “No hemos venido a Bérgamo a hacer campamento” o “¿A qué apesta el ácido sulfhídrico?”, para volver a recuperar de pronto nuestra antigua relación y nuestra infancia y juventud, unidas indisolublemente a aquellas frases, a aquellas palabras. Una de aquellas frases o palabras nos haría reconocernos los unos a los otros en la oscuridad de una gruta o entre millones de personas. Esas frases son nuestro latín, el vocabulario de nuestros días pasados, son como jeroglíficos de los egipcios o de los asirio-babilonios: el testimonio de un núcleo vital que ya no existe, pero que sobrevive en sus textos, salvados de la furia de las aguas, de la corrosión del tiempo. Esas frases son la base de nuestra unidad familiar, que subsistirá mientras permanezcamos en el mundo, recreándose y resucitando en los puntos más diversos de la tierra.

“Léxico Familiar”, p.29

Se pueden imaginar mi impresión cuando leí esta cita. La subrayé en el ebook, y si hubiera tenido el libro en físico estoy segura de que mi lápiz habría dejado la página hundida por la fuerza que pondría al marcar todas estas palabras, porque resuenan estruendosamente con lo que yo quiero hacer, con lo que es Crónicas del Clan. Condensan perfectamente, a mi parecer, el sentido de todo este libro. Y, además, dan relevancia a la escritura como medio para conservar eso, esa esencia, esa chispa que constituye la identidad de una familia como conjunto en forma de palabras compartidas que significan algo distinto para ellos.

Lo general desde lo particular, en dos sentidos

Todas las demás reseñas que he leído sobre esta obra hablan de que cuenta la historia de Italia a través de su historia personal.

Y es cierto que es así: se trata de un relato interesantísimo de la guerra y de la posguerra. Pero, para mí, estas solo funcionan como telón de fondo para los verdaderos protagonistas, que son los acontecimientos de su familia. Por supuesto, las circunstancias afectan e influyen en esta, pero no es lo principal. No es lo que Ginzburg viene a contar, aunque lo hace de forma secundaria: habla de lo general a partir de lo personal.

Mi madre había dejado de estudiar ruso, pues hubiera sido comprometedor que la hermana de Ginzburg le diera clases. En nuestra casa habían entrado nuevas palabras. “¡No se puede invitar a Salvatorelli! ¡Es comprometedor! – decían – ¡No se puede tener este libro en casa! ¡Es comprometedor! ¡Pueden hacer un registro!”.

“Léxico familiar”, p. 108

Por otra parte, me fijé en que lo que usa para presentar a cada personaje, definirlo y darle forma, son sus particularidades. La autora nos proporciona una visión general, global de cada persona, a partir de cosas muy pequeñas.

Sus padres, por ejemplo, están construidos de forma excelente: tengo subrayadas muchas frases sobre ellos.

Y la mayoría de las veces es a partir de lo anecdótico, lo cotidiano, lo más normal. La capacidad de la autora para fijarse en esos detalles, y resaltarlos como distintivos de la personalidad de sus seres queridos hasta que sean representativos de ellos, me resulta increíble.

“¡Cómo me gustaría ser un rey jovencito!”, decía mi madre con un suspiro y una sonrisa, porque las cosas que más le seducían del mundo eran el poder y la infancia, pero le gustaban las dos juntas, de tal modo que la segunda suavizase a la primera con su gracia, y la primera enriqueciera a la segunda con su autonomía y prestigio.

“Léxico familiar”, p. 148

Lo contradictorio

Amar es una acción profundamente humana, y por ello contradictoria. Amar a tu familia es una gran contradicción: se trata de las personas que más te sacan de quicio, que más capacidad tienen para herirte incidiendo justo donde te duele con más, quienes más eficazmente pueden descolocarte. Pero, a pesar de ello, las amas. Eliges seguir amándolas, inevitablemente.

Ginzburg expresa esto de una forma brillante sin decirlo explícitamente, sino a través de la forma de escribir. En esta cita, a lo largo de tres párrafos condensa la visión de sus padres sobre su hermano, Alberto, con una yuxtaposición claramente contradictoria, y por ello muy realista:

Y mi madre, ufana, dijo a mi padre: «¿Has visto cómo yo tenía razón, Beppino? ¿Has visto que Alberto siempre elige bien a sus amigos? Son siempre más estupendos y más serios que él.»

Mi padre se encogió de hombros. Pero él también estaba orgulloso del hecho de que a Alberto le hubiesen interrogado en la comisaría, y durante unos días se abstuvo de llamarle granuja.

«¡Un delincuente!- decía mi madre cuando Alberto volvía del fútbol sucio, con su pelo rubio manchado de barro y con la ropa rota- ¡Un delincuente! ¡Fuma y tira la ceniza al suelo! – se quejaba a sus amigas – ¡Se tumba en la cama con los zapatos puestos y me ensucia la colcha! ¡Siempre está pidiendo dinero, nunca tiene suficiente!»

«¡Era tan mono de pequeño!- se lamentaba – ¡Era tan dulce, tan suave! ¡Era como una ovejita! Yo lo vestía todo de puntillas. ¡Tenía aquellos rizos tan bonitos! ¡Y ahora mira en lo que se ha convertido!»

«Léxico familiar», p. 72


Al mirar hacia atrás, y sobre todo ver el tiempo que me ha llevado terminar de leer este libro y escribir esta reseña, me doy cuenta de que lo he ido procesando de a sorbitos. Su estructura continua, sin capítulos, contribuyó a esto: para mí fue como un rumor de fondo al que iba, estaba un rato, me iba, volvía, y así…

En otras reseñas sobre la obra encuentro que esto ha sido identificado como una imitación del paso del tiempo en la vida fuera de la obra: un eterno continuo imparable, en el que solo la memoria (y yo añado, la palabra, como una forma de anclar esta) nos permite volver a un punto ya pasado.

Lo leí en desayunos con mis abuelos en Argentina. En trayectos de metro en Madrid. Probablemente algún desayuno sola en la terraza de casa de mis padres. También algún rato en algún parque tranquilo.

Quizás lo hice para saborearlo y que me durara más, porque me gustó mucho. Quizás porque me interpelaba desde un lugar muy interno, muy profundo. La cuestión es que tardé mucho más de lo normal en mí en leerlo.

Pero lo hice. Lo terminé. Y me dejó tan impresionada que vengo a compartirlo aquí hoy.

Porque, sobre todo, «Léxico familiar» me ha inspirado muchísimo. Este libro se parece en varias cosas a lo que yo quiero hacer con mi propia familia, lo que me propongo con Crónicas del Clan. Creo que no va a ser la única vez que lo lea, porque constituye una brújula muy valiosa para mi proyecto. Porque pone en palabras muchas pulsiones que yo aún no sé cómo decir, o vivir, o escribir:

Esta no es mi historia, sino (incluso con vacíos y lagunas) la de mi familia. Debo añadir que ya en la infancia y adolescencia me propuse escribir un libro sobre las personas que entonces me rodeaban. En parte, puedo decir que este es el libro. Pero solo en parte, porque la memoria es débil, y los libros que se basan en la realidad con frecuencia son sólo pequeños atisbos y fragmentos de cuanto vivimos y oímos.

«Léxico familiar», p. 7

2 respuestas a “Reseña: “Léxico familiar”, de Natalia Ginzburg”

  1. Avatar de Marcelo
    Marcelo

    Que reseña más bonita !!!! Me encantó.

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    1. Avatar de Agustina Gómez

      ¡Muchas gracias por leerla! Ahora podrás leer el libro también 😉

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