Hoy termina 2024, y Crónicas del Clan está cerca de su primer cumpleaños. Y, aunque no he publicado muy seguido en los últimos meses, el proyecto no murió en abril cuando regresé de Argentina a España. Sigue muy vivo en mi interior, y lo estará durante años, quizás durante toda mi vida.
Así que, para cerrar este primer año de vida, comparto algunos de los aprendizajes de este tiempo:
1. Respetar mis tiempos, no los de mi ansiedad
Me considero una persona ambiciosa. Tengo grandes sueños. Y, aunque Crónicas del Clan existe como tal desde hace solo un año, su idea viene cocinándose adentro de mí desde hace mucho tiempo. Eso me ha pasado factura en forma de ansiedad y autoexigencia este año, por sentir que no estoy avanzando al ritmo que debería. Por eso, aceptar mis tiempos, que pueden ser más lentos de lo que esperaba, ha sido una de las grandes lecciones del año.
2. He venido a esta vida a hacer esto
El otro día, al volver del gimnasio, pasé por la puerta de la vecina de abajo y decidí tocarle para desearle feliz Navidad. Yo solo quería decirle eso… Y terminamos charlando durante una hora y media sobre su historia de vida, tomando un aperitivo en su salón.
Ese encuentro espontáneo fue un regalo enorme, porque me recordó muchísimo a lo que siento mientras hago las entrevistas de Crónicas. Y me hizo percibir el sentido que tiene que yo me dedique a esto. A hacer preguntas. Escuchar. Repreguntar. Conectar.
3. Todas las personas tenemos algo que contar
No depende del carácter, la edad, o cuán agitada y aventurera haya sido la vida. Siempre vale la pena tomarse el tiempo para escuchar qué tiene para decir el otro. En mis entrevistas a personas que conozco de toda la vida, he encontrado auténticas perlas de su identidad que nunca me imaginé que estarían ahí.
4. Discernir es más difícil de lo que esperaba
Este proyecto, al ser sobre mí y toda mi familia, me hace caminar siempre en un delicado equilibrio sobre la línea entre lo privado y lo público. Me obliga a decidir constantemente qué quiero contar y qué quiero guardar. En ese bamboleo, entran en juego factores que subestimé o no tuve en cuenta hace un año, como la capacidad de dañar que tienen las palabras, o el interés de lo que quiero contar.
5. Tengo mucho por mejorar
La lista podría ser eterna: el sonido de mis vídeos, editar mis artículos para hacerlos más cortos, el posicionamiento web y de redes sociales, el calendario de publicaciones, la formación… Por ahora, me alegro de identificarlos para planteármelos como objetivos futuros.
6. Personas faro
A lo largo de este año, me he encontrado con varias personas que me han guiado a través de mis mayores dudas. Cuando el miedo a no ser capaz, a no hacerlo bien, me apretaba la garganta y estrujaba los dedos, han sabido rescatarme. Me han lanzado salvavidas de palabras que me han mantenido a flote. Me han dado el oxígeno que me faltaba, ahogada por mis inseguridades.
7. Cada vez tengo más preguntas
Para hacer este balance, releí todas mis publicaciones, y me encontré con un vídeo que empieza así: «¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo?».
Esas dos preguntas están en el núcleo de Crónicas del Clan. Y no sé si jamás las responderé. Porque, cuanto más avanzo, más preguntas me surgen. Y menos sentido tienen las respuestas que me di hasta ahora.
8. Sueños ¿desmedidos?
¿Acaso pueden ser de otra forma? Hay disonancias entre lo que imagino que va a ser Crónicas del Clan y lo que termina siendo: me pasó al ir a Argentina. Me pasó al volver de Argentina. No sé si es cuestión de no ser capaz de cumplir los objetivos que me marco, o de marcármelos demasiado ambiciosos, sin tener en cuenta las circunstancias reales.
9. Puliéndome
El proyecto me enfrenta con las aristas de mi ser que más afiladas están, que más me cuestan. Cuando estoy sumergida en él, implicada de verdad, Crónicas del Clan me hace trabjaarlas hasta pulirlas, y por ejemplo, ser concisa en lugar de barroca con las palabras. A la vez, hace relucir mis aspectos más brillantes. Como la delicadeza.
10. Lo más difícil es empezar
Eso dice siempre mi profesora de yoga. Lo que más cuesta es presentarse a su clase, luego el resto es dejarse llevar. Y tiene razón.
Crónicas del Clan está muy lejos de ser lo que imaginaba hace un año. No he podido o sabido dedicarle el esfuerzo que eso requería. Pero, como no me fío demasiado de los objetivos que me marco, no voy a dejar que eso me frustre de más.
Me aferro a la sabiduría de mi profe de yoga para celebrar el progreso de este año. Porque sí, aún falta mucho, pero el proyecto está empezado. Hay algo. Hay fotos, hay textos, hay entrevistas, hay materia. Y aunque falta agachar la cabeza y seguir trabajando para llegar a donde quiero, estoy en camino. Creo que eso es digno de celebrar.

Con todo esto, terminamos 2024. Con esto y mucho agradecimiento a todas las personas que han ayudado a que esto sea real y esté empezado. A quienes he entrevistado, y quienes esperan con paciencia que lo haga. A quienes me leen y comentan. A quienes creen en mí y en el proyecto. Gracias. Seguiremos dando pasitos en 2025.


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