Semana 7: aceptación

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El otoño está llegando a Buenos Aires. Se siente en el aire: aunque de a ratos haga calor, el ambiente ya no es el mismo del verano. Algunos de los enormes árboles de la calle en los que siempre me fijo empiezan a cambiar de color. Los niños vuelven al colegio, me cruzo con adolescentes de uniforme tomados de la mano. El sol se pone más temprano.

Para mí es emocionante ver esta transición. Primero, porque el otoño es probablemente mi estación favorita: al crecer en Tenerife, hogar de la primavera eterna, nunca vi árboles cambiando las hojas. También porque me fascinan las transformaciones, cómo lo que antes era una cosa ahora se va volviendo otra. Pero, sobre todo, porque me encanta ser testigo de ese cambio. Ver cómo ocurre el otoño acá en Argentina, en el barrio de mi familia, en las calles por las que pasan todos los días. Participar de este proceso me hace sentir, en cierta forma, que yo formo parte de la vida de acá. Y eso me reconforta.


Abrumada

La palabra de esta semana es la aceptación, por algo la elijo de título para esta crónica. Y, aunque lo vengo diciendo desde el principio, algo en lo que estoy trabajando intencionalmente es en aceptar lo mucho que me abruma el proyecto.

Lo que estoy haciendo acá en Argentina (viajar al país donde nací, vivir con familiares que llevo toda mi vida viendo puntualmente, explorar tentativamente un lugar que me es ajeno, y además de eso entrevistar en profundidad a todas las personas de mi familia con el objetivo de hacer un relato sobre quiénes somos y con ello ayudarme a responder a la pregunta de quién soy yo…) tiene una carga emocional importante.

Y no es que la desdeñara antes de venir, la intuía. Pero las primeras semanas quise creer que iba a llevarlo mejor, que podría lograr que no me atropelle.

Spoiler: no.

¡Pero no pasa nada! Es a lo que vine. No lo cuento quejándome. Lo cuento desde la aceptación que estoy intentando ejercitar para sobrellevarlo lo mejor posible.

A veces pienso «¿Qué voy a hacer yo con todo esto?». Después de una entrevista de dos horas y media, o cuando se me pasa el tiempo de golpe mientras estoy escribiendo. Y me agobio porque veo el gran volumen de contenido que brota de mí y de este viaje.

Después respiro hondo y me recuerdo a mí misma lo que sé que voy a hacer con todo esto: escribir.

Luego me entra el paniquito habitual inducido por la voz de impostora. «¿Y cómo narices voy a escribirlo? ¿Yo?».

Entonces me recuerdo a mí misma: confiando. Confío en el valor de lo que estoy haciendo. Confío en la esencia de Crónicas del Clan. Confío en el apoyo de mi familia para sostenerme en esta aventura. Y confío en mi escritura.

(Este vaivén de ideas es lo que pasa constantemente en mi cabeza. Es un quilombo. Todas mis voces y yo somos unas pesadas. Bienvenidos y disfruten del espectáculo).

El tiempo y la distancia me darán perspectiva

Otra cosa que estoy teniendo que aceptar es que, al fin y al cabo, este es un viaje más a Argentina. Con sus particularidades, desde luego, pero comparte naturaleza con los otros que hice antes en mi vida:

  • Tener que repartir mi tiempo entre mi familia paterna y materna, porque desde los dos lados quieren verme y hacer cosas conmigo
  • Hacer planes con unos y otros, y tener que condensarlos mayoritariamente en el fin de semana que es cuando los que trabajan y los que van a la escuela están disponibles
  • Balancear las expectativas que tienen unos y otros de las cosas que vamos a hacer juntos
  • Mis propias ganas, anhelos, cosas que quiero ver y hacer
  • Poco tiempo para mí

Estos viajes se caracterizan principalmente por condensar mucho en poco tiempo: todo lo que no compartimos con la familia por vivir en otro país durante el resto del año, lo juntamos en las semanas que pasamos acá.

Y ni siquiera en el caso de este viaje mío, de diez semanas de duración, esa condensación es tan ligera como en la vida cotidiana. Sí, hay más calma con los planes. Sí, llego a construirme rutinas acá. Pero, aun con todo eso, siento una vez más la sensación de estar viviendo tantas cosas que se me atragantan.

Una experiencia se me encadena con otra, y enseguida después viene otra que no me deja procesar la primera ni la segunda, y así imparablemente. A eso le sumamos todo mi trabajo para Crónicas del Clan, y creo que se entiende que esté abrumada.

Pero vuelvo de nuevo a la aceptación. ¿Esto es así? Perfecto. No voy a perder tiempo, que es justo lo que me escasea, resistiéndome y tratando de que sea de otra forma. Lo abrazo tal cual es, con su intensidad, su fuerza arrolladora, todo lo que me remueve dentro. Y ahora que veo en el horizonte la fecha de irme, tras la cual sé que seguiré trabajando todas estas temáticas porque tendré que manipular (en el buen sentido de la palabra) todo el contenido obtenido, entonces procesaré. Entonces entenderé de verdad todo lo que estoy viviendo, y lo podré absorber. La distancia, física y temporal, me darán la perspectiva que ahora sé que no estoy pudiendo tener.

Avances de Crónicas del Clan

Apostar por la concisión

Y dirás: claro, la concisión es fundamental para cualquier periodista y escritora. Una de sus cualidades debe ser saber ir al grano, dirigirse a lo que quiere decir, lo que quiere averiguar, ir de cabeza al punto.

Bueno, pues yo vengo a admitir que a mí me cuesta. Me gusta usar muchas, ¡muchas! palabras, profundizar mucho y dar vueltas a todos los detalles. Soy barroca en mi escritura, en mi investigación y en mi forma de vivir en general.

Pero eso se contradice con lo que decía recién: tengo poco tiempo. Se me va agotando.

Así que hace varios días que vengo apostando por la concisión, forzándome a mí misma a encarrilarme para ir en dirección a mi objetivo. Como dije hace poco, la realidad es inabarcable. Desde ahí, desde la aceptación de eso, me propongo dirigirme intencionalmente hacia donde quiero ir.

Eso se manifiesta en cosas como las entrevistas. Si no puedo hacer dos o tres con cada persona como quería inicialmente, cosa que llevo semanas trabajando cómo aceptar, tener la concisión presente me ayuda a tomar mejores decisiones.

Entonces, condenso las preguntas de las entrevistas 1 y 2 con la misma persona para el único encuentro con ella que voy a lograr. Eso implica también dar tijeretazos a mi cuestionario, y seleccionar qué preguntas quiero hacer sí o sí, y cuáles me interesan menos, porque no voy a poder hacerlas todas.

Delicadeza decidida

Hace tres meses, cerré la puerta del coche de mi mamá que es muy pesada, y por acompañarla para no cerrarla de golpe, me dejé atrapado el dedo corazón. Además de tener mucho dolor durante varios días, me quedó una mancha negra muy poco estética en la raíz de la uña hasta antes de ayer.

A lo largo de los últimos tres meses, mientras mi uña seguía creciendo, la mancha que había aparecido donde se junta con la piel se fue moviendo hasta llegar a la punta. La uña nueva creció fuerte por debajo, y la negra y fea la fui recortando poco a poco, semana a semana, al mismo ritmo que estas crónicas.

Finalmente, hace apenas dos días, justo antes de bañarme, noté que la infame uña negra estaba muy blandita. Quedaba menos de un centímetro de ella en la punta del dedo. Así que, con muchísimo cuidado, fui cortándola despacito hasta que no quedó casi nada. «¡Abuela!», grité desde el baño. «¡Mirá, por fin!».

Y mientras me duchaba, feliz por haberme deshecho de algo que me molestaba profundamente por lo poco estético que era (para que se imaginen, en el video inaugural de las redes de Crónicas del Clan hice mil tomas hasta que decidí pintarme las uñas porque no podía soportar vérmela en pantalla), pensaba en el poder de esta delicadeza mía. Mirando hacia atrás, encuentro que la he usado para bien en muchas ocasiones.

La delicadeza, el saber hacer las cosas con cuidado, tener tacto, es algo muy valioso. Y, sin embargo, a menudo se le da poca importancia, consecuencia de vivir en una sociedad capitalista y patriarcal como la nuestra. Muchísimas veces he sido sujeto de burlas porque lo socialmente aceptado es hacer las cosas con decisión, con fuerza, a lo bruto; y cualquier otra forma parece que no contara, que no fuera tan buena. Se confunde la delicadeza con la debilidad.

Y yo no estoy nada de acuerdo. Por eso vengo a reivindicar la fuerza de la delicadeza.

Porque esta, justo para lo que estoy haciendo, es muy necesaria. Fundamental, diría. Todas las personas a las que quiero están depositando en mí sus palabras, sus recuerdos, sus visiones, sus sueños, porque yo se lo pido para hacer algo más grande con ello. Eso es frágil. Es importante. Es íntimo. Es sensible. No puedo manipularlo como si nada, como si fuera ligero. Así que me alegro de tener esta delicadeza, y dejar que guíe mis manos, mis pensamientos y mi boca.

Una chica muy contenta de dejar de tener una uña negra
Meterle caña

Semana siete, y nos acercamos cada vez más al final de esta estancia. Y, ¿adivinen qué? Vengo trabajando aceptar ese hecho con calma.

Eso no quiere decir relajarme en mis objetivos, para nada. Aceptar que estoy donde estoy, y que ha pasado el tiempo que ha pasado, me sirve para no perder ni un segundo en lamentarme por lo que haya hecho o dejado de hacer. Y, desde ahí, meterme caña, como decimos en España.

Para los días que quedan, ya tengo programadas todas las entrevistas que me faltan por hacer, y preparados sus correspondientes cuestionarios. He accionado las palancas necesarias para visitar lugares y hablar con las personas de fuera de la familia que me interesan. Y sigo, constantemente, escribiendo en mis varios diarios, cuadernos de notas, recopilando audios en mi chat personal. Recogiendo sin parar las pistas con las que la futura Agustina podrá trabajar.

Por eso, con todo eso, me digo a mí misma: ni tan mal.

7 respuestas a “Semana 7: aceptación”

  1. Avatar de ascenpulrua
    ascenpulrua

    Ojalá todo el mundo reivindicara la fuerza de la delicadeza, de esta forma no existirían los bruscos-as ni brutos-as, cuánta más paz tendríamos!!!

    Ascen

    besos

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    1. Avatar de Agustina Gómez

      ¡Ojalá, ojalá! Con que la respetaran más yo ya estaría contenta. ¡Gracias siempre por tus comentarios!

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  2. Avatar de Vicky
    Vicky

    Cómo que ni tan mal????

    tan bien!!!! 👏🏻 👏🏻👏🏻👏🏻

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    1. Avatar de Agustina Gómez

      Jajajajajaja muy cierto! Muchas gracias por tu apoyo ❤️

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  3. Avatar de sergiobisurgi
    sergiobisurgi

    Delicadeza no es debilidad, claro que no !!

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  4. Avatar de supas50
    supas50

    La delicadeza tuya no es de ahora, siempre fuiste super delicada y dulce siempre te sentí así mi super pequeña. Podrás haber incorporado nuevas costumbres y hábitos. Pero la simpatía y la dulzura nacieron con vos (las heredaste de mi, jajajajaja)

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  5. Avatar de Semanas 9 y 10: el final de una fase – Crónicas del Clan

    […] la crónica 7 hablaba de que este era un típico viaje a Argentina, distinto en la esencia, la motivación y la […]

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