Semanas 9 y 10: el final de una fase

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Siempre me pasa lo mismo con los viajes: empiezan ocurriendo despacio, cada momento desarrollándose casi con pereza, con fiaca, uno detrás del otro sin precipitarse. Pero después el tiempo se empieza a acelerar, y el segundo día transcurre más veloz que el primero, y el tercero más que el segundo, y así exponencialmente, cada vez más rápido… Hasta que de repente llega el final, y yo siento que no sé cuándo ocurrió.

Mi viaje a Argentina, que duró concretamente dos meses y seis días, no fue una excepción. Las últimas dos semanas transcurrieron de forma frenética, con los días siempre ocupados, impidiéndome encontrar el tiempo, el espacio y la claridad mental que necesito para escribir.

Hecho este disclaimer, aquí están mis sensaciones sobre las semanas 9 y 10 que pasé en Argentina, donde se concluyó la primera fase de Crónicas del Clan.


Mayor agilidad

Me llena de orgullo decir que volví de Argentina sintiéndome mucho más ágil en ella.

En la crónica de la semana 2 contaba todas las dificultades de la vida argentina -o porteña- que percibía desde mi mirada europea: la complejidad económica y la inseguridad en la calle, sobre todo, hacen que vivir ahí sea como remar en dulce de leche (mi nueva expresión favoritísima).

Y es cierto que yo no estoy acostumbrada a todo eso. Afortunadamente, crecí y viví en lugares donde puedo usar el teléfono por la calle sin miedo a que me roben, salir sola de noche, hacer la compra sin un fajo de billetes en el bolsillo. Por eso, a los ojos de mi familia, mi poca experiencia en la complejidad argentina me hacía más vulnerable a sus peligos.

Y no es mentira: soy inocente, ingenua, inexperta, a pesar de haber vivido sola en Madrid y Francia durante 7 años.

Pero como me esforcé en hacerles entender, no soy absolutamente tonta. No fui a hacer boberías en lugares peligrosos. Y solo puedo lograr ganar las habilidades que no tengo exponiéndome a eso que es tan distinto, un desafío.

Así que me enorgullece muchísimo escribir que volví de Argentina entera, sin una sola experiencia traumática, con todas mis pertenencias. Que aprendí a moverme sola, gracias a mi sentido de la orientación y la buena memoria. Que supe evitar exponerme a situaciones de alto riesgo innecesario. Que pude gestionar correctamente mi dinero, en efectivo y en digital. Y, por lo tanto, que cada vez me siento menos vulnerable a los peligros de la vida agitada de Argentina, o más capaz de enfrentarlos.

Todo esto era importantísimo para mí. Desde luego que no tuve la independencia total que tuve en Madrid, por ejemplo: nunca me inserté completamente en esa realidad, ni me las tuve que arreglar totalmente sola. Eso se debe a que no hice vida normal allá (entiéndase estudiar, trabajar, tener una rutina, ganar un salario, etc.), y que siempre tuve a mis espaldas la ayuda de mi familia, a quien quiero agradecer públicamente.

También soy consciente de que ese ideal de inserción/adaptación solo sería legítimo esperarlo si viviera en permanencia allá; y, por ahora, no creo que sea lo que quiero.

Así que, considerando todo eso, me siento muy satisfecha de mi paso por Argentina en este plano de crecimiento personal. Aunque a veces tuve que luchar para darlos, conseguí avanzar varios pasos que me acercaron a donde quiero ir: sentirme más en paz con mi identidad argentina. Que esta está más compensada con la española. Que tiene más herramientas para moverse y ser allá. Que se siente más parte de ese país en el que nací.

Típico viaje

Al mismo tiempo que digo que hubo cosas que se transformaron, como ese aumento de mi autonomía, también soy consciente de todo lo que permanece igual que otras veces. Lo que se repite, volviéndose entonces un patrón recurrente.

En la crónica 7 hablaba de que este era un típico viaje a Argentina, distinto en la esencia, la motivación y la duración; pero parecido a todas las demás veces que viajé allí desde España. Eso fue aún más evidente en las últimas dos semanas, en las que lo compartí con mi hermano también español-argentino.

Desde su llegada, casi que se evaporó todo lo que hacía particular a mi estancia, y se volvió una típica visita más a Argentina caracterizada por:

  • Agenda apretada, con huecos chiquitos para ver a muchas personas diferentes
  • Comprar dulces para traer a casa (shhh, no se lo cuenten a la aduana. ¡Prometemos que son todos para consumo propio!)
  • Casi todos los planes y encuentros alrededor de una mesa, para comer abundante y deliciosamente
  • Contar los mismos updates de nuestras vidas a las distintas personas que nos encontramos

Esto, para mi sorpresa, me generó dos sensaciones distintas: por un lado, alivio porque es lo conocido, la dinámica familiar de estos viajes; por el otro, nostalgia porque la anterior etapa de mi viaje se terminó. Se acabó mi rutina privada con mis abuelos, viviendo como nieta única; se redujeron mis tiempos y espacios para trabajar en el proyecto, se volvió un desafío conseguirlos, escarbando en esa apretada agenda que decía antes; y se acortaron dramáticamente las posibilidades de planes antes de irme.

En el espejo retrovisor

Aunque la canción no habla exactamente de aquello a lo que yo me refiero, tiene un verso que me sirve para representar lo que quiero contar:

I always thought I must look better in the rear view

Siempre pensé que me debo ver mejor en el espejo retrovisor

Taylor Swift, «Long story short»

Debería haber confiado más en mí misma.

Ahora que escribo desde mi terraza en Canarias, miro hacia atrás, releo mis crónicas, reviso mis posteos en redes sociales, y veo todo lo que logré hacer con el proyecto.

Me acuerdo del miedo que tenía a no ser capaz de hacerlo: recuerdo con claridad la sensación que me daba en el pecho, cómo me rasguñaban las garras de la angustia por dentro, las horas sin dormir que la ansiedad le robaba a mi sueño. Me acuerdo de todo eso, y no puedo evitar poner los ojos en blanco con indignación.

¿Por qué me cuesta tanto creer en mí misma?

No solo con respecto al proyecto: ¡incluso estaba llena de inseguridades a la hora de viajar! Llevo años moviéndome entre aeropuertos y países yo sola, por mí misma, y aunque algunas veces eso ha incluido errores (como sacar vuelos para el día incorrecto, no tener la maleta reservada o tener que hacer cosas raras en escalas como recoger maletas y volver a despacharlas), siempre he logrado resolverlos y llegar a mis destinos.

No sé qué tengo dentro que me impide recordar eso último, que siempre encuentro una solución y logro lo que quiero, incluso si me equivoco; y antes de viajar solo pienso en todo lo que puede salir mal.

De hecho, en el viaje de ida estaba igual de nerviosa…

Parece que solo sé ver mis éxitos en retrospectiva, una vez han ocurrido. Desde el presente, el futuro siempre se me antoja intimidante.


Avances de Crónicas del Clan

Conclusiones numéricas

Aunque yo soy muy de letras, a veces me gusta apoyarme en los números para seguir escribiendo conclusiones. Supongo que por eso la estadística es la rama de las matemáticas que se incluye en las ciencias sociales.

En los dos meses de Crónicas del Clan en Argentina, hice:

  • 12 publicaciones del blog
  • 25 entrevistas
  • 109 publicaciones en redes sociales
  • 1727 minutos de grabaciones de audio
  • Leí 3 libros relacionados con la investigación que estoy haciendo
  • Participé en 6 clases de un taller de escritura de historia familiar

¿Son mejorables? Sí, como todo siempre.

Pero yo estoy orgullosa de ellas.

Tengo la cabeza como un bombo

*** (¿De dónde vendrá esta expresión? ¿Desde cuándo los bombos están llenos? ¿Se dirá más bien por los golpes que reciben? Una búsqueda rápida no me ha ayudado a encontrar la etimología de la expresión, cualquier sugerencia será bienvenida)

Me siento rebosante de información, y deseando tener el tiempo y el espacio para procesarla.

Mucha viene de las entrevistas: después de 25 encuentros y más de 1700 minutos grabados en audio, tengo mucho material. Logré hacer casi todas las que quería, con 15 de las 16 personas previstas, y conseguí algunas extra que no había planeado. Estas últimas fueron con personas de fuera de la familia pero muy ligadas a nuestra historia, que me proporcionaron una perspectiva externa muy interesante, bañada con genuino cariño por quienes somos.

Pero también tengo mucha información de mis propias experiencias. Realmente siento que pude disfrutar de estar en Argentina, exprimir al máximo mi viaje: por eso a veces vivía más que escribía, porque era el momento de eso, de empaparme de la realidad de ahí y absorberla. Por eso ahora tengo muchos borradores llenos de ideas, listos para ser trabajados, que iré publicando próximamente.


¿Qué cosas aprendiste, Agustina?

Muchos mensajes de despedida de Argentina o bienvenida a España que recibí estos días mencionan el deseo de que yo haya encontrado lo que fui a buscar. Creo que aún me falta distancia para observar eso, pero sí atisbo ya las siluetas de algunas lecciones:

Piezas de mi puzzle

Uno de los aspectos más interesantes de este proyecto es que me permite conocerme mejor a mí misma a partir de conocer mejor a otras personas: los miembros de la familia de la que vengo.

Tengo mucho por aprender aún de psicología sistémica, genética, crianza, etc., pero desde mi ingenua ignorancia intuyo cosas en mí que vienen de otros:

  • La introspección y capacidad de análisis que vienen de un lado de la familia
  • La vitalidad y actitud de celebración que viene del otro
  • La capacidad para crear momentos especiales de encuentro, llenos de detalles significativos, que vienen de una abuela y una tía
  • El gusto por contar y escuchar historias que vienen de la otra abuela
  • La tendencia a sobrepensar que viene de un abuelo
  • La facilidad para interrumpir a los interlocutores que viene del otro

Para mí, este es uno de los grandes valores de estudiar a la familia de la que venimos. Ver el origen de las piezas que conforman el puzzle complejo de nuestra propia identidad, lo que nos permite entendernos mejor.

Nadie es perfecto. Y qué alivio

En las entrevistas salieron a flote datos que yo, a pesar de creer que conocía bastante bien a mi familia, no sabía. Carreras que no se terminaron, empleos que se acabaron abruptamente, cambios de planes forzados, parejas incorrectas, renuncias profesionales que generaron arrepentimientos…

Fue para mí un honor que me permitieran acercarme a eso, y me generó alivio e inspiración. Porque no solo aprendemos de los éxitos de los demás, sino también de sus errores y fracasos, y de cómo los superaron.

Una, cuando es joven, tiende a mirar a los adultos de su alrededor como si fueran perfectos. Como si siempre hubieran sabido cómo llegar hasta donde están ahora. Como si siempre hubieran tenido el camino claro ante sus ojos.

Las entrevistas me han confirmado lo que ya intuía, porque me lo decían ellos mismos aunque yo no me lo creía: eso no es así. Nadie tiene las cosas tan claras. Nadie sabe a dónde lo llevará el camino, y a menudo tiene que tomar riesgos confiando en que la llevarán a un lugar mejor. Y esto es un gran consuelo: ¡no soy la única que se siente perdida a sus 25 años!

Escribiendo, en gerundio

Ninguna palabra mía es definitiva. Siempre me estoy escribiendo, y eso implica revisar lo que escribí en el pasado: aplica para las palabras escritas pero también las dichas en voz alta. Siempre me estoy resignificando.

Y esta perspectiva es liberadora, porque me ayuda a sacudirme el miedo de escribir algo erróneo que después tenga que corregir. Me ayuda a dejar de exigirme llegar a la conclusión perfecta y definitiva para publicarla, entendiendo que quizás no la encuentre nunca. Me ayuda a dejar de temer compartir cosas que por ahora son válidas, pero que con el tiempo pueden confirmarse o desmentirse.

Este blog, todo el proyecto que es Crónicas del Clan, viene a ser un diario de mis descubrimientos. Por eso es importante compartir lo que voy aprendiendo en cada momento, para después poder revisarlo. Y solo entonces, con la perspectiva que me dará el tiempo, decidir si lo mantengo o lo cambio. Si esperara a tener todas las conclusiones definitivas, además de engañarme porque no creo siquiera que existan, me perdería de ver toda la evolución del proceso. Y creo que justo eso es lo más bonito.

La magia de ver el amanecer en la playa de Mar del Plata

Así que, por ahora, Crónicas del Clan concluye su primera fase de desarrollo, que consistió en las entrevistas a todas las personas de mi familia que viven en Argentina.

¿Qué viene ahora?, se preguntarán.

Primero que nada, las entrevistas a las personas de mi familia que viven en Tenerife. Admito que he trabajado muy poco en ellas por ahora, pues estaba focalizada en vivir al máximo las experiencias del país austral que me vio nacer. Pero ahora que estoy de vuelta en mi isla por un par de semanas, estoy entusiasmada por encarar esta segunda pata de la primera fase, y tengo ganas de enfrentar los desafíos que conlleve. Será un proceso distinto, habrá preguntas nuevas en los cuestionarios, porque los que viven aquí tienen una experiencia diferente a los de allá. Pero tengo muchas ganas.

Además, continuaré con los artículos: el objetivo es producir uno por semana. Tengo varios que se me quedaron en el tintero de las experiencias en Argentina, que no pude ni supe escribir mientras estaba allá (si miran en el Instagram o el TikTok de Crónicas del Clan puede que encuentren alguna pista de los temas).

Más adelante, una vez termine las entrevistas de Tenerife, será por fin el inicio de la segunda fase del proyecto, que consistirá en manipular el material que tengo: transcribir las entrevistas, contrastarlas con mis notas, observar y anotar reflexiones.

Y, desde ahí, el objetivo es escribir. O seguir escribiendo, más bien.


Cierro esta crónica con varias preguntas, que para algo soy periodista. Me pueden responder en los comentarios de la publicación o por privado a través de las redes sociales o email:

¿Qué más les gustaría saber de mi experiencia en Argentina?

¿De qué aspectos del proyecto quieren saber más?

¿Qué esperarían encontrarse en el blog en los próximos meses?

Muchas gracias por todo el apoyo a quienes están acá desde el principio, y a quienes se han ido sumando. ¡Nos leo pronto!

5 respuestas a “Semanas 9 y 10: el final de una fase”

  1. Avatar de sergiobisurgi
    sergiobisurgi

    «Ninguna palabra mía es definitiva.»
    Eso es sano, porque significa que nunca sos la misma que la que escribió algo hace un tiempo atrás; es signo de movimiento, de evolución, de búsqueda y seguramente de crecimiento; es signo de estar vivo.

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  2. Avatar de Agustina Gómez

    ¡Exacto! Muchas gracias ❤️

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  3. Avatar de ascenpulrua
    ascenpulrua

    bienvenida a España!!

    soy de las que no duerme la noche antes de volar, a pesar de que yo aparentemente no me siento nerviosa, ni pienso que vaya a pasar nada de importancia , si un poco de miedete porque cuando se ha volado mucho siempre se pueden vivir circunstancias no deseables pero no trágicas. Antes no me pasaba lo de no dormir y creo que son cosas de mayores, aunque viéndote a ti tan joven me consuela bastante 😉

    Ganas de que nos cuentes todos tus hallazgos, es una delicia leer lo que escribes, por el alma que pones en ello.

    Esperando lo próximo… ☺️

    Le gusta a 1 persona

    1. Avatar de Agustina Gómez

      ¡Mil gracias por tu comentario, Ascen! Jajajajaja lo bueno es que no dejamos que el miedo de volar nos lo impida 😉 E infinitas gracias por tu apoyo, significa un montón 🧡

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  4. Avatar de Álbumes de fotos para bucear en la historia familiar – Crónicas del Clan

    […] algo parecido en la crónica de la última semana del viaje: en las entrevistas fueron saliendo puntos en común en las sensaciones de mis familiares al vivir […]

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